1.- Las fuerzas derechistas y antidemocráticas en Brasil lograron, mediante un fraude judicial e imposiciones legislativas arbitrarias, propinar un duro golpe a la democracia en Brasil. Como dijo la Presidenta Dilma Rousseff, la asonada conservadora no es esencialmente contra ella, sino contra la democracia brasilera y contra la voluntad mayoritaria del pueblo brasilero.

2.- Con una mayoría parcial de senadores de derecha y otros que traicionaron el proceso progresista en Brasil, el Senado ordenó la destitución de la jefa de Estado brasilera, en un contexto marcado por irregularidades y situaciones anómalas, como que casi el 60% de parlamentarios de ese país está involucrado e investigado en casos de corrupción y diversidad de delitos. Se consumó en Brasil el golpe a la democracia que echó abajo un Gobierno legítimo, democráticamente elegido, y dio paso a una administración impuesta, autoritaria y que no cuenta con el aval de un proceso electoral ciudadano.

3.- En distintas exposiciones y argumentaciones, se demostró que Dilma Rousseff no cometió delito alguno, ni ejecutó actos de corrupción, ni cayó en enriquecimiento ilícito. Cuando mucho, en su Gobierno se pudieron cometer algunos errores o fallas administrativas que, por lo demás, no son inéditos en el sector público de Brasil y otros países. Sin embargo, una mayoría ocasional en el Parlamento brasilero, armó un verdadero fraude judicial y procedió a dar un golpe de Estado aparentemente legal, con el objetivo de destituir a la Presidenta, primero, y luego echar abajo todo un proyecto democrático y de beneficios sociales en Brasil.

4.- Tal como lo han afirmado distintas personalidades latinoamericanas y fuerzas políticas y sociales de América Latina y el mundo, en el caso de Brasil se repite un formato de operación de poderes económicos, políticos, comunicacionales y de derecha, que buscan derrocar a gobiernos progresistas y de izquierda con operaciones autoritarias y golpistas. Ello ya ocurrió en Honduras y en Paraguay, hoy ocurre en Brasil, y lo están intentando concretar en Venezuela, Bolivia, Ecuador y El Salvador. Está en marcha una escalada golpista disfrazada de legal a nivel de la región.

5.- Este golpe de la Derecha brasileña se enmarca dentro de la ofensiva imperialista en nuestro continente contra todos los movimientos progresistas, intentando retrotraer no sólo las conquistas económicas y sociales en favor del pueblo brasileño, impulsadas por los gobiernos de Lula y Dilma, sino también las iniciativas que contribuyen a la integración latinoamericana, tales como el ALBA – TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de l