Discurso pronunciado el 16 de diciembre de 2016, por el presidente del Partido Comunista de Chile, Guillermo Teillier del Valle, en el acto Héroes de la Democracia, en homenaje a militantes y dirigentes de la organización caídos en la lucha contra la dictadura en 1976, víctimas de la operación de exterminio de las direcciones clandestinas del PC.

Queridas compañeras y compañeros familiares de víctimas de la dictadura; amigas y amigos:

En un día como hoy, el 15 de diciembre de 1976, hace 40 años, fue detenido nuestro compañero Fernando Ortiz, que había asumido pocos días antes como encargado de la Dirección Interior de nuestro partido. Fue la dolorosa culminación de la represión ordenada por Pinochet, que se inicia a fines de 1975, destinada a destruir físicamente a la Dirección Clandestina del Partido Comunista de Chile. Así fue como tras sucesivas detenciones, tortura y asesinatos de centenares de militantes comunistas, la dictadura logró detener, primero, a casi toda la dirección encabezada por el Sub Secretario General, compañero Víctor Díaz López, detenido el 8 de mayo de 1976 y que había sido precedida por los secuestros cometidos desde calle Conferencia a partir del 5 de mayo. Era la dirección que actuaba al interior del país desde el mismo día en que se consumó el cobarde golpe de Estado. Luego, cuando recién en noviembre de ese mismo año el partido logra instalar una nueva dirección, esta es detenida a los pocos días de asumir.

Nuestro partido, nuestros compañeros dirigentes y militantes debieron enfrentar una política genocida de exterminio por el sólo hecho de ser portadores de una ideología y un pensamiento político contrario a los intereses de la derecha y el gobierno norteamericano de entonces, que preconizaron el golpe.

El año 1976 nuestro partido estaba a la búsqueda de un acuerdo amplio de las fuerzas democráticas que permitiera restablecer los derechos constitucionales y la convivencia democrática del país.

No existía por parte de nuestro partido ningún hecho punible que pudiera justificar lo injustificable, el ensañamiento, la crueldad sin límites, las aberraciones de todo tipo que se cometieron contra nuestros compañeros, la amenaza de muerte a familiares y finalmente la desaparición y el asesinato después de la tortura permanente física y sicológica contra la mayoría de ellos.

Es difícil no sentir el horror, la indignación y el odio cuando se conoce la verdad de lo ocurrido en los lugares secretos de detención, que en realidad eran centros de tortura y exterminio.

Actos de tanta barbarie no serán olvidados. Estos actos tenían una finalidad expresamente determinada por el dictador Pinochet y sus secuaces, pretendían mediante el aniquilamiento físico y el terror extremo hacia el Partido Comunista, neutralizar en la sociedad chilena cualquier asomo de protesta contra la tiranía.

Pero se equivocaron, porque el partido supo salir adelante, con más decisión hasta llegar a constituirse en una fuerza fundamental en la lucha por el debilitamiento del poder dictatorial, cuya culminación fue la proclamación y puesta en práctica de la política de rebelión popular que motivó a centenares de miles de chilenos a salir a las calles en duras jornadas de protesta, desafiando la represión y el temor.

Por todo ello, no puede ser más justa la resolución del último Congreso Nacional del Partido Comunista que acordó conmemorar los hechos infaustos ocurridos el año 1976, con el propósito de rendir así el justo homenaje que se merecen quienes encabezaron el partido y a todos y a todas quienes lucharon en esos años, en especial a los que ofrendaron su vida, en aras de sus ideales, de la democracia y la justicia social.

Por ello, esta tarde, en este lugar de la memoria, con este solemne y sencillo acto, el Comité Central, a nombre de todos los comunistas chilenos, entrega, ante los familiares de nuestras compañeras y compañeros y ante la sociedad entera, su más sentido y sincero homenaje a quienes integraron estas direcciones heroicas de nuestro partido y a todos quienes lucharon junto a ellos.

Lo hacemos por su inclaudicable voluntad de luchar y resistir a la dictadura fascista que se entronizó en nuestro Patria por largos 17 años.

Hacemos extensivo este homenaje, a las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos y de ejecutados políticos, a las esposas y esposos, padres, hijas, hijos, nietas y nietos, por su búsqueda incansable de la verdad y la justicia en su compromiso de derrotar a la impunidad y a toda actitud que pretenda poner un velo de olvido a los crímenes de lesa humanidad que nos siguen conmoviendo dolorosamente.

Rechazamos absolutamente que los autores de crímenes de lesa humanidad, que siendo conocidos por su crueldad en el trato a las víctimas, su falta de arrepentimiento y su nula colaboración, puedan alcanzar la libertad condicional antes de cumplir su condena.

Debe prevalecer la fuerza de la ley, del derecho internacional, de valores éticos, de normas nacionales y mundiales respecto al cumplimiento cabal de las penas carcelarias de quienes fueron procesados y condenados por atroces crímenes cometidos contra personas indefensas e inocentes y que ejecutaron el genocidio.

Estamos firmemente convencidos que es imprescindible hacer los máximos esfuerzos en la búsqueda de la verdad sobre tantos casos aún sin esclarecimiento, que son la mayoría y sobre tanta falsa información que se le ha dado a los familiares de detenidos desaparecidos y al país entero. Estamos hablando de 1.248 detenidos desaparecidos reconocidos oficialmente por el Estado, pero que de acuerdo a las agrupaciones de familiares de detenidos desparecidos puede sobrepasar los 2.500. El Estado también reconoce 2.095 ejecutados, pero que en base a las denuncias se elevan a más de 3.000. A estos casos hay que agregar 28.000 sobrevivientes de prisión política y tortura, pero la cifra basada en los recursos de amparo eleva el número a más de 100.000.

El vía crucis que han vivido los familiares de detenidos desaparecidos es difícil de explicar en palabras. Pinochet hizo todo lo posible por ocultar sus crímenes, recordemos que después que se descubrieron los restos de detenidos en los hornos de Lonquén, el tirano ordenó lo que se llamó el “retiro de televisores”, la jerga empleada para nominar la campaña de ocultamiento de los cadáveres de sus víctimas desde los distintos lugares donde habían sido depositados y que podían ser descubiertos. No pudieron ocultar todo, como en los casos del Patio 29 o Cuesta Barriga, donde se encontraron restos, lo que constituyó una gran esperanza para los familiares, sin embargo, se ha tenido que enfrentar a los errores en la identificación, a la entrega de fragmentos minúsculos de huesos, a la sepultación equivocada de restos y en muchos casos se ha procedido, al decir de algunos familiares, sólo a la “sepultación de recuerdos”.

Lo más grave a nuestro entender, sucedió en plena democracia, cuando se quiso imponer la tesis del “destino final”, en base a la información reservada o secreta que habían supuestamente entregado uniformados comprometidos con los crímenes. Se pretendía, además, cambiar verdad por justicia. La información que se entregaba a los familiares era que las personas detenidas desaparecidas, poco menos que al día siguiente de su detención habían sido lanzadas al mar, soslayando con esto que en la mayoría de los casos las víctimas habían sufrido tortura por períodos prolongados, como se pudo comprobar fehacientemente en los casos de Víctor Díaz, Fernando Ortiz, Marta Ugarte, Reinadla Pereira y varios otros. Pero además se encontraron restos de personas que no habían sido lanzadas al mar. Por lo tanto, la mesa de diálogo con que se pretendió dar por finalizado el proceso de esclarecimiento, de verdad y justicia, no sólo fracasó sino que se demostró improcedente ante una realidad imposible de desconocer.

El Estado de Chile tiene una enorme deuda pendiente respecto a las víctimas de crímenes de lesa humanidad, esperamos que la Subsecretaría de Derechos Humanos recién creada y dependiente del Ministerio de Justicia, tenga la disposición, sea dotada de la capacidad, y cuente con el respaldo y la voluntad política para seguir adelante en este cometido que se cumplía a través del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, aún con mayor efectividad.

Y francamente preferiríamos a un Ministro de Justicia que junte coraje para seguir adelante con la búsqueda de la verdad y el esclarecimiento de la mayoría de los casos aún ocultos por la impunidad, y no para tratar de otorgar con tanta diligencia la libertad condicional a los responsables de tantos actos de crueldad y de ensañamiento contra las personas.

Nosotros declaramos que conocer la verdad y hacer justicia ha sido, es y será una exigencia permanente del Partido Comunista de Chile respecto de todas las víctimas de crímenes de lesa humanidad, una lucha cuyo precedente está en los primeros años de la represión en que muchos comunistas se incorporaron a la lucha por los derechos humanos, en que la AFDD sale a la calle con las fotos de sus familiares desaparecidos, lo mismo que la de ejecutados políticos, los sitting frente a La Moneda y la primera huelga de hambre realizada con este fin en la CEPAL por valientes compañeras y compañeros en junio del año 1977, en plena dictadura, quienes también merecen nuestro justo homenaje.

Es justo también referirse en este contexto a que por fin este año se haya promulgado la ley que tipifica el delito de la tortura, una iniciativa que partió como moción de nuestra bancada parlamentaria.

Debo decir que históricamente nuestro partido ha debido soportar altos costos en su lucha por hacer prevalecer la defensa de los intereses de los trabajadores y el pueblo. En la lucha contra la dictadura sufrimos consecuencias trágicas, como las sufrió mayoritariamente el país. Los comunistas no habríamos sido consecuentes, si no hubiéramos asumido esta posibilidad, este riesgo de vida o muerte que era real. No podía ser de otra manera, teníamos un compromiso de lealtad con el pueblo, que estaba siendo doblegado por la dictadura, tal como lo tuvo el compañero Presidente Salvador Allende que inmoló su vida en aras de esa lealtad.

Estimadas compañeras, estimados compañeros:

Los comunistas luchamos para conseguir objetivos transformadores que cambien el designio de que es una minoría la que debe contar con todos los privilegios, para favorecer en cambio a la mayoría de la población. Es lo que logramos cuando, por ejemplo, con el Presidente Allende se conquistó la nacionalización del cobre, un acto de dignidad nacional y soberanía que entregaba al pueblo el usufructo de nuestra principal riqueza, en desmedro de las grandes transnacionales. Luchamos contra la dictadura, que revirtió muchas de las conquistas sociales y que conculcó muchos derechos que aún no logramos recuperar. Podemos decir que en la actual coyuntura nos encontramos comprometidos con un proceso de reformas profundas que esperamos culminar antes del término del actual gobierno y que, aunque no entrarán en pleno régimen durante este período, están llamados a constituir avances de mayor igualdad social en un período de mediano plazo, nos referimos a la reforma tributaria; a la reforma de la educación, incluida la gratuidad, su calidad y la carrera docente; a la regionalización, a la reforma laboral, a la creación del Ministerio de la Mujer, al ministerio de pueblos indígenas, y al consejo y consejos de pueblos indígenas, a la reforma al código de aguas, a las leyes de transparencia y probidad, a la reforma electoral, a la interrupción del embarazo en tres causales, entre otros, así como al gran desafío en curso que significa el cambio de la Constitución Política del Estado. Nos preocupa que se encuentren estancados en su tramitación los proyectos de Nueva Educación Pública y de Educación Superior, más que nada por desacuerdos surgidos en sectores de la Nueva Mayoría, que esperamos no estén destinados a llevar al fracaso estos proyectos emblemáticos del actual gobierno.

En nuestra mirada de futuro, en una nueva propuesta programática, están demandas como la reforma al sistema previsional, el perfeccionamiento del sistema de salud pública, la permanente defensa de nuestras riquezas naturales como el litio, la reforma de la ley de pesca, una estrategia de desarrollo acorde con las necesidades del país, que sobre todo genere puestos de trabajo dignos.

Queremos recoger también lo expresado en el informe anual del Instituto Nacional de Derechos Humanos que nos vuelve a recodar temas candentes y pendientes en nuestro país. Sobre todo la necesidad de atender y defender los derechos humanos de los pueblos indígenas, de niñas y niños vulnerables, de las mujeres, de los pensionados, de los migrantes, de los jóvenes.

Nuestra disposición es mantener la unidad de la Nueva Mayoría, a buscar una candidatura única presidencial con un programa acordado por todos y una lista única parlamentaria. Durante el mes de enero o a más tardar comienzos de marzo nuestro partido debe determinar su posición sobre candidatura presidencial y sobre lista parlamentaria.

Quiero aprovechar también esta oportunidad para expresar que al igual que todos los partidos, nuestro partido está conminado, en un plazo muy perentorio que vence el 15 de abril del 2017, a reinscribir o refichar o inscribir nuevos adherentes en el Servicio Electoral, hasta alcanzar un número de alrededor de 20.000. Yo les pido a ustedes, salvo a nuestros invitados que nos honran con su presencia, que contribuyan con esta tarea, que no es para pensarlo mucho, como dije, es una tarea perentoria que requiere de la acción inmediata. Lo que puedo decir es que quienes firmen la ficha de adherente lo pueden hacer con la tranquilidad de que apoyan a un partido consecuente en sus luchas y sus ideas, al que no se puede acusar de actos de corrupción, por más que lo haya intentado y lo siga intentando la derecha, y en especial la UDI, que si tiene un tejado de vidrio harto quebradizo y sobre todo ahora que su abanderado presidencial tiene que responder y aclarar actos de negocios que están reñidos con la ética de un gobernante.

Señoras y señores, compañeras y compañeros:

No puedo terminar mis palabras sin referirme a dos hechos que quisiera mencionar, ya que este es el primer acto público que hacemos después de su acaecimiento. El primero se refiere al fallecimiento del compañero Fidel Castro Ruz, que no obstante enviamos una carta de fraternal saludo y condolencias al Presidente Raúl Castro y que me correspondió asistir, formando parte de una delegación oficial del gobierno y el Estado chileno al homenaje multitudinario y popular y de connotación internacional que se le rindió en la Plaza de la Revolución en La Habana, no obstante ello, hemos querido reiterar en este acto nuestro homenaje a quien encabezó la Revolución Cubana y ha tenido tanta incidencia en la lucha de los pueblos, en especial de América Latina y el Caribe. Fidel Castro tiene nuestro profundo y especial reconocimiento por recibir a muchos chilenos exiliados cuya vida peligraba en Chile y por contribuir en nuestra lucha por sacar a Pinochet del poder. Sería largo hablar de la amistad y cercanía de Fidel y Allende, de tantas muestras de solidaridad como el permitir que centenares de jóvenes chilenos pudieran estudiar medicina y otras carreras en la isla. Sería largo expresar la solidaridad de Cuba hacia muchos pueblos del planeta, en lo que estuvo siempre la impronta de Fidel. Así que compañero Embajador de Cuba en Chile le solicito tenga presente este sencillo pero sincero homenaje y lo comunique al gobierno y al Partido Comunista de Cuba.

El segundo hecho acaecido en los mismos días fue el fallecimiento de Fernando Macarro, más conocido como Marcos Ana, revolucionario español, preso por 23 años en las cárceles de Franco, que escribió emotivos poemas y prosa, y que fuera gran amigo de la Unidad Popular y de nuestro partido, inspirador también de nuestras luchas a quien no podríamos dejar de mencionar ni de recordar.

Quisiera terminar mis palabras volviendo al objetivo central de este acto, el homenaje a las dos direcciones del partido comunista que el año 1976, hace 40 años, fueron detenidas y muchos de sus miembros ejecutados o detenidos desaparecidos y a todos y todas aquellas que dejaron su vida en esta batalla tan desigual, pero de objetivos tan plecaros que seguirán iluminando nuestra senda de lucha por siempre. Los nombres de los compañeros y las compañeras a quienes rendimos hoy homenaje son portadores de esa lealtad al pueblo, se transforman en un símbolo de la historia de nuestro partido y sus luchas y su forma de actuar consecuente. Por esta razón, hemos decidido proponer al Pleno del Comité Central que se realiza el día de mañana, otorgar la medalla Luis Emilio Recabarren, máxima distinción que otorga nuestro partido, a cada uno de los compañeros y compañeras militantes, detenidos desaparecidos y ejecutados, lo que, tenemos la convicción, será aprobado por unanimidad representando así el sentimientos de toda nuestra militancia.

Viva el Partido Comunista de Chile.

Vivan nuestros luchadores clandestinos

Mil Veces Venceremos.

Guillermo Teillier del Valle

Presidente Partido Comunista de Chile