El Partido Comunista de Chile está conmemorando 106 años desde su fundación. Época en la cual la explotación del salitre estaba en su auge y con ella también la más brutal y violenta explotación a sus trabajadores. En 1907 la muerte en la escuela Santa María de Iquique de más de tres mil trabajadores había sellado un ciclo caracterizado por el esfuerzo de organizar la rebeldía espontánea. El Partido Obrero Socialista (POS) nace en 1912 en un momento de reflujo del movimiento obrero y nace producto de la conciencia de un grupo de trabajadores que entendía que los métodos de lucha y formas de organización que se habían dado hasta ese momento eran inadecuados e insuficientes para enfrentar el gran poder de los propietarios de las salitreras (la mayoría de ellos ingleses) quienes además contaban con la complicidad de los gobernantes del Estado de Chile. Con el liderazgo de Luis Emilio Recabarren emprenden la tarea de liberar al proletariado chileno de la explotación, para lo cual es necesario un cambio social profundo y para esa condición  el trabajador debe tener su propia expresión política, un partido que represente sus intereses.

Esta organización política de los trabajadores buscó conocer la realidad a modificar y por eso a medida que maduraba fue haciendo suya la ideología marxista, como también se hizo internacionalista al corroborar las similitudes de condiciones de explotación de los trabajadores en el mundo, por lo que al producirse la revolución rusa la asumió como el camino para todos los explotados, y para integrarse a la organización internacional de todos los revolucionarios pasó a llamarse Partido Comunista de Chile en 1922. Y fue integrando paulatinamente el pensamiento de LENIN a su actuar. Pero ya antes de 1922 este partido político de trabajadores dirigía una Federación Obrera de Chile, acompañaba a una ácrata española, Belén de Sarraga predicando la igualdad de derechos de las mujeres a través del país, participaba con diferentes sectores sociales  organizando multitudinarias manifestaciones post Primera Guerra Mundial a través de las Asambleas Obreras de Alimentación Nacional y elegía  dos diputados en 1921, en alianza con “partidos burgueses más progresistas”  (entre ellos su líder, Luís Emilio Recabarren).

Y es así como se construyó este Partido marxista leninista, internacionalista y que en su quehacer político funde la movilización social con la representación institucional. Ser promotores de un cambio social profundo, revolucionario, sin duda nos ha significado grandes costos, los más lamentables, la vida entregada por mujeres y hombres a esta causa de liberación del ser humano. Analizado sin apasionamientos hemos sido gestores y partícipes de todos los grandes cambios que ha vivido nuestro país. Hemos adaptado nuestra línea política a las circunstancias del momento histórico, viviendo extensos períodos de exclusión y represión y es así como en determinados momentos hemos privilegiado la conducción del movimiento social, en otras la lucha electoral y en momentos hemos debido asumir formas agudas de enfrentamiento con los enemigos de clase, pero sin olvidar jamás lo que nuestro gran principio rector: estar vinculados a los sectores populares y representando políticamente sus intereses.

Y el Partido fundado por obreros del salitre hace 106 años sigue construyéndose, adoptando  las estructuras orgánicas más adecuadas para enfrentar cada etapa, contando siempre con una militancia consciente y  conductores notables como lo fueron Carlos Contreras Labarca, Ricardo Fonseca, Galo González, Luis Corvalan, Volodia Teitelboim, Gladys Marín o heroicos como Gilberto Jil, Secretario General del Partido desde el año 1925 el cual muere de tuberculosis y en total pobreza durante la dictadura de Ibáñez.

Este es el Partido que enfrenta en este siglo XXI el desafío de construir una sociedad socialista para nuestra patria, la cual manteniendo el universal principio de buscar la plenitud del ser humano, en su realización será genuinamente chilena, como decía el gran Mariategui “ ni copia ni calco” de otras realidades. En este  minuto, cuando la derecha consigue el gobierno con la aquiescencia de una mayoría ciudadana, la tarea es sin duda defender que los avances logrados no sean desconocidos, pero principalmente en seguir avanzando en ideas y propuestas para en esta etapa histórica democratizar Chile, no exclusivamente en una dimensión política( Nueva Constitución) sino también social ( sociedad de derechos básicos garantizados – salud, educación etc), económica ( distribución de la riqueza, uso de recursos naturales de propiedad común), cultural (superar la ideología patriarcal por ejemplo) Para eso no basta estar inserto en el movimiento popular, necesitamos incidir en él, reverdecer el legado de Recabarren quien con menos recursos que los que hoy nosotros contamos asumió que más allá de las formas, lo central en la lucha por el poder, era Politizar al proletariado.

Por Juan Gajardo López, Encargado Nacional de Organización, miembro Comisión Política.

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