LO QUE NOS UNE

En las actuales circunstancias económicas, sociales, políticas, religiosas y culturales que vivimos los chilenos y las chilenas se reflejan los estados de ánimo de las personas, del pueblo. Se respira un clima de malestar y desesperanza, de incertidumbre y desconfianza frente al abuso, la violencia y la inseguridad.

Por eso, estamos llamados a construir la sociedad que queremos y hacer realidad nuestros sueños y esperanzas entre todos. Con las mujeres, empoderadas en sus derechos y garantías. Con el respeto a la diversidad e identidad sexual y de género. Con los estudiantes, con los trabajadores, con los profesionales, con los intelectuales, con los dirigentes sociales y, muy especialmente, con los jóvenes.

Son estos sujetos de nuestro país quienes mejor entienden los problemas ocasionados por un sistema económico perverso que daña el bienestar, la paz del pueblo, la convivencia nacional y la paz social.

Son estas voluntades activas —parte de los chilenos y chilenas de a pie donde conviven distintas realidades, algunas mejor integradas y con más oportunidades que otras— las que se cuestionan y quieren construir la sociedad del mañana.

Porque vivimos en un país donde la lucha por la vida nos empuja a competir entre nosotros y, en ocasiones, a perder la calidad de la vida y la vida misma en esta competencia, mientras se nos procura convencer que las cifras macroeconómicas, como el ingreso per cápita o la tasa de crecimiento del producto, son por sí mismas signo de progreso. La verdad es que no siempre que la economía crece, crecemos las personas. No siempre que los ingresos promedios se elevan, es nuestro promedio de ingresos el que sube.

Aspiramos a una sociedad donde el Estado y sus instituciones sean capaces de garantizar los derechos fundamentales que nuestro nivel de desarrollo permite y puede sustentar. Aspiramos a un medio ambiente en armonía con